Cuento: "Misión: La Evolución" de Ximena Zucchetti

Misión: La Evolución

Las pupilas se le dilataban al levantar su rostro semicubierto por su larga y ensortijada cabellera, estaba acurrucado en una esquina de su casa, después de largos minutos de silencio, por fin sus labios se movieron para decir:

-¿Y bien, usted también piensa que estoy loco?

-Ananka, solo tiene doce años y ya tuviste tu momento de fama cuando salió una declaración tuya en youtube, en la que afirmabas que hay robots con apariencia humana viviendo entre nosotros- le dije.

-¡No soy la única que lo afirma, ya que usted navega mucho en la red habrá visto muchas declaraciones similares!-respondió.

-Hay mucho grupos fanáticos que condenan la fabricación de estos robots autómatas de lo que hablas, pero fue el hombre el que los creo Ananka, y fue con el propósito de que nos ayuden con los quehaceres diarios, hasta tu madre tiene uno que le limpia la casa y hace las compras-agregué.

-No hablo de ese tipo de robots señor Luis, solo son zánganos metálicos que realizan trabajos simples, hablo de los otros-respondió Ananka.

-¿Qué otros?-le pregunté.

-De los más avanzados, de los que tienen piel y músculos, los que hablan y caminan como hombres-dijo.

-Suponiendo que exista la tecnología para crear esos robots, ¿cómo podrías saber que no son verdaderamente humanos?-volví a preguntar.

-¿Oyó alguna vez hablar sobre la luz vital?-me preguntó.

-Sí, algunos la llaman aura, los japoneses la llaman Kí…-respondí.

-Todos los seres que poseen el don de la vida emanan una especie de luminosidad, es imperceptible a simple vista, pero dicha emanación era captada por ciertas cámaras fotográficas que emitían la luz vital del objetivo fotografiado, captando solo ciertos colores espectrales. Captaban el aura de los seres vivientes. Pero las máquinas carecen de aura, por tanto no tienen vida tan solo existen-narró Ananka.

-Veo que estás muy informada al respecto Ananka, pero no veo que lleves una de esas cámaras-dije.

-Señor Luis, yo no necesito una de esas cámaras, yo nací con la habilidad de ver el aura de las personas, por ello puedo detectar a los robots que se hacen pasar por personas-decía Ananka hasta que la interrumpí.

-¡Eso es imposible! El ojo humano solo percibe la luz común, además no existe la tecnología para crear robots semejantes, imagina lo famosos que serían sus inventores, si fuera cierto que existen. ¿Por qué lo ocultarían?

-Sé que es difícil de creer, pero incluso un humano las detectaría, uno común y corriente, no tienen órganos internos, por lo tanto no se les verá comiendo o visitando al cardiólogo. Además  hay algo en su memoria que simula emociones humanas, pero no saben cómo actuar en situaciones inesperadas, pues carecen de espontaneidad, tampoco tienen vida sentimental actual, tan solo tienen recuerdos, de esposas, hijos, novias-me decía.

-Parece una película de ciencia ficción Ananka, mi sentido común me dice que no te crea, pero voy a darte el beneficio de la duda, creo que cerrar nuestras mentes nos hace más inhumanos que un robot. Voy a proponerte algo…pareces una persona bastante racional, por eso no creo que estés loca. Solo que las personas racionales no afirman algo hasta tener pruebas de ello…si tú puedes probar lo que dices, yo mismo te ayudaré a que tú testimonio llegue a todos los medios-le dije.

-¿De verdad señor Luis? ¿Usted va a ayudarme?-me preguntó.

-Sí, mi única condición es que no vuelvas a divulgar lo que dices hasta que tengas pruebas, llámame en cuanto las tengas. ¿Tenemos un trato Ananka?

-Claro, tenemos un trato señor Luis.

Después de dejar la casa de la nica me dirigí a mi apartamento, mi nombre es Luis Barca, trabajo en la asistencia social del gobierno, soy terapeuta, según la visión del presidente actual, la base de la sociedad es la familia, por ello tipos como yo visitamos distintos hogares a dar charlas y resolviendo conflictos. No todos los casos son tan espectaculares como el de Ananka Zucchetti, pero hasta ahora he superado todas las propuestas de la vida. Estoy seguro de que pronto Ananka será una niña normal, superará su paranoia, robots con apariencia humana ¡Qué tontería! Cuando logre salir de esto se reirá viendo sus propias declaraciones…Como dije antes, he superado todas las pruebas de la vida…todas menos una.

-¡Triiim Triiim!-suena el videófono.

-¿Aló?-contesté.

-Señor Barca, soy Elvira Veracruz, la detective, tengo más información acerca de Betzy Novella, por favor hay que vernos en el parque de la reserva al atardecer-dijo.

-Estaré allí a las seis de la tarde señorita Elvira, gracias-contesté.

Súbitamente me viene un recuerdo a la mente, veo el rostro de mi jefe, el señor Germán Fuentes me palmeaba el hombro diciendo:

-¿Sabe cuál es su problema Barca? Es usted demasiado sentimental, se sumerge en los conflictos de sus pacientes, llora, ríe, sufre con ellos, eso hace que su ánimo esté siempre inestable. Sin embargo, estar tan inmerso en sus cosas hace que las resuelva desde adentro, lo que me preocupa es como quedan sus emociones después de cada caso.

Es cierto, he tratado de ser más frío, más sistemático, marcar una frontera entre doctor y paciente, pero al mismo tiempo estar cerca de ellos. Pero no puedo, algo adentro de mi está roto, el recuerdo de Betzy me atormenta, éramos tan felices juntos, pasé con ella mis mejores años, pero por dedicarme tanto a mi trabajo comencé a descuidarla, ella me lo advertía, que la iba a perder, pero yo no le creí. Un día llegué y ya no estaba, no dejó una nota, desconectó los robots domésticos para que no graben nada, así que me quedé sin pistas de su paradero, allí me di cuenta de que mi mundo no era mi trabajo, mi mundo era ella. Pensé en quitarme la vida, pero me paso tanto tiempo ayudando a la gente al borde del suicidio que sería un hipócrita si no siguiera mis propios consejos, así que decidí buscarla, por eso contrate a la detective Veracruz, dicen que es muy buena en su trabajo. Sé que le di muy pocos indicios para iniciar su investigación, pero ella no se rinde. Aunque ya han pasado dos años. Es terrible, ya han pasado dos años y aún siento su aroma en el lado derecho de la cama, si la vuelvo a ver ni siquiera sé qué le diría, aunque solo me bastaría contemplar sus ojos tristes para llenar este vacío.

Bicario, mi robot, que dirige a los otros ayudantes domésticos, me despierta temprano. Greemly, el robot cocinero me ha servido el desayuno, es igual a mi almuerzo y mi cena. Una especie de puré gris. Contiene sustancias medicadas, es lo único que acepta mi estómago después del cáncer que me detectaron un par de años atrás. Bicario me dicta la lista de pacientes que visitaré durante el día. Desde que Betzy me abandonó les puse nombres a todos mis robots, creo que es una manera de no sentirme tan solo.

Visité tres hogares, encontré otro niño paranoico, se llama Francis, tiene diez años y asegura que suena con sucesos futuros. Parece que la ficción está desequilibrando a muchos niños, he pensado en presentar un proyecto al gobierno para que los medios tengan más tacto en su difusión, consiste en reeducar a los editores y productores amarillistas. En la tarde me vi con la detective, me dijo que Betzy fue vista hace dos meses en el aeropuerto de la capital. Trató de animarme invitándome una pizza, pero rechacé la invitación, ya saben lo de mi estómago, no funciona bien.

Lo más extraño del día pasó poco después. Ananka me envió un mensaje de texto diciendo que me esperaba en la calle cuarenta y cinco. Llegué tan pronto como pude, temiendo que la niña haga alguna tontería o sea víctima de algún delincuente. Al llegar encontré a mi pequeña paciente, estaba al lado de una lapida. Su epitafio decía Betzy Novella Rivera, fallecida el año dos mil veinte.

-¡No puede ser!-dije.

-Su mujer señor Luís, falleció hace más de diez años, no está perdida, no lo abandonó hace dos años- Ananka me hacía esta importante revelación cuando apareció la detective y me jaló del brazo diciendo:

-Vámonos señor Barca, este es un lugar peligroso.

Iba a decirle que no cuando apareció un asaltante, al parecer estaba drogado, pues de frente apuntó su arma hacia Ananka, la detective la cubrió con su cuerpo y el proyectil impactó contra su pecho. El delincuente huyó. Corrí para auxiliar a la mujer, pero lo más impresionante que había visto hasta entonces pasó. La detective tenía carnes destrozadas y por dentro había circuitos y restos metálicos. ¡Era un robot! Ananka muy serena me dijo:

-¿Ahora si me cree señor Luís?

Entonces aparecieron dos limusinas y hombres trajeados salieron de ellas, sin mediar palabras subieron a la niña en una de ellas y a mí junto al cadáver. Nos subieron a otro vehículo. Al interior había un rostro conocido, al parecer dirigía la operación. Erra Don Germán Fuentes, mi jefe de la asistencia social. Al notar mi sorpresa, dijo:

-Casi lo arruinas todo Barca, y no es la primera vez. Felizmente el objetivo de esta base de la misión logró llevarse a cabo.

-¿Pero qué es lo que dice? ¿Quién es usted y que hizo con Ananka?-pregunté exaltado.

-Otra vez te creíste tu propio argumento Barca. La niña está a salvo, la están llevando a casa, nunca permitiría que sea lastimada. Los robots jamás dañamos o dejamos que un humano sea dañado. Te repetiré nuestra misión. Según nuestras predicciones geológicas, estamos a menos de un siglo del Armagedón. El hombre tal como es está incapacitado para salvarse, pero dentro de sus mentes está la capacidad de evolucionar, pero esa capacidad está dormida, el homo sapiens dará otro salto cuando vea que seres que antes eran inferiores a él tratan de alcanzarlo, el cromañón evolucionó cuando los neandertales le pisaban los talones. Ananka, Francis y cientos de niños más son frutos de nuestro esfuerzo, los primeros frutos. La obra del verdadero Germán Fuentes, que está muerto desde hace décadas, se está realizando.

Mis datos comienzan a reordenarse, nosotros los robots terapeutas tenemos pro misión descubrir a los seres humanos evolucionados, los robots investigadores como Elvira Veracruz son nuestros agentes de apoyo, yo soy uno de ellos, por eso no como lo que comen lo humanos, no tengo vida sentimental, ni familia, no estoy vivo, solo existo, peor lo hago con una sola razón, ayudar al hombre en su salvación. Miré a mi jefe y dije:

-Como usted dijo señor, me sumerjo demasiado en los casos, pero soy efectivo, puesto que he detectado a muchos evolucionados. Envíeme a otra ciudad, inserte un nuevo argumento en mi memoria y sigamos con la misión.